¿Cómo organizar un conjunto de dibujos, “collages”, juegos, muñecos de cartón y mostrarlos con un criterio coherente?
Pues bien, como el arte es lúdico, me propuse inventar un orden que siga el juego ya que toda clasificación es arbitraria y aleatoria.
Es en este sentido que Jorge Luis Borges toma nota irónicamente de una cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos.

"En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador,
(b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación,
(i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón,
(n) que de lejos parecen moscas”. (El idioma analítico de John Wilkins de Otras inquisiciones)
Y luego de haber registrado otros desconcertantes y pintorescos ensayos de ordenamiento, agrega que “notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural.
La razón es muy simple: no sabemos qué cosa es el universo”.
(Borges, Jorge Luis “El idioma analítico de John Wilkins” Otras inquisiciones. Obras completas, Emecé, Buenos Aires 1974)

En definitiva, el intento por lograr un orden en nuestras cosas, que sólo sirve para recordar, falsea la realidad y anula la creatividad,
esa facultad misteriosa e inefable que aparece como una casualidad y se da sin anuncio previo.
Sólo una certeza tenemos: la creatividad se nos brinda cuando trabajamos.

El orden que hoy propongo aquí es el que sigue:


Celebraciones


Discrepancias


Galería de figuras inclasificables


Cuadros
y cuadraditos


Geografías
simbólicas


Divertimentos
serios


El ajedrez,
juego infinito


Dibujos
caprichosos


Etcétera, etcétera


Animales inventados
y de los otros


Saurios
y poetas